Astrología, traiciones y la Logia Propaganda Due: los diputados que hicieron campaña internacional por Massera


La estrella del astrólogo José López Rega cayó a tierra en julio de 1975. En efecto, cuando creía que la impunidad no tenía límites, Heriberto Kahn -un periodista que no estaba alineado con los cuerpos celestes sino con algunos uniformes verdes- firmó un artículo de tapa de La Opinión cuyo título era “Denuncia militar sobre la Triple A y decía que “el Comando General del Ejército elevó al Poder Ejecutivo una denuncia concreta sobre actividades de la organización terrorista de ultraderecha que se identifica como Triple A, en la cual se hace referencia al ministro de Bienestar Social, José López Rega”.

El documento, filtrado por el Ejército apuntaba una madriguera de la Triple A situada en Figueroa Alcorta 3297. Eran días convulsionados y la Justicia inició una cacería contra López Rega que incluyó un allanamiento en la Quinta de Olivos.

El ex secretario privado de Juan Perón -convertido en funcionario clave de María Estela Martínez– se fue a España y dejó un vacío en el gobierno de la viuda de Perón. El Rodrigazo –crisis económica con salto del dólar e inflación- aceleró el deterioro del gobierno. Se iniciaba la primavera de aquel 1975 y no cabían dudas de que estaba en marcha un golpe de Estado.

Por entonces, la figura de otro astrólogo -menos conocido que López Rega y sin relación con la Triple A- cobraba un protagonismo silencioso: Luis Sobrino Aranda, abogado y diputado por Santa Fe, movía sus fichas al compás de Emilio “el Negro” Massera.

La historia no se explica por las conspiraciones y las sectas. Sin embargo, en marzo de 1976, tuvieron un papel clave. Sobrino Aranda, entre sus allegados, alardeaba de haber sido consultado por los militares peruanos para el golpe encabezado por Juan Velazco Alvarado. Según Sobrino, los astros eran propicios el 3 de octubre de 1968. Ese había sido el día del golpe. Voltear gobiernos no era solo una cosa de armas sino también de ubicación de los planetas.

Fue en septiembre de 1975 cuando los jefes militares argentinos dejaron a la viuda de Perón lejos del gobierno “por enfermedad” y tutelaron a un dócil Ítalo Luder un par de meses al frente del Ejecutivo.

El bloque justicialista de Diputados se escindía y la corriente de “anti-verticalistas” (contra Isabelita) nucleaba unos 30 legisladores de los más diversas procedencias: desde el democristiano Carlos Auyero, Nilda Garré y Julio Bárbaro hasta el ocultista Sobrino Aranda y el poco conocido Raúl Bajczman, un hombre que había entrado al parlamento de la mano de Oscar Alende, transitó por otros agrupamientos hasta terminar entre los anti-verticalistas. El derrocamiento de Isabelita estaba en boca de todos.

Según relató el propio Bárbaro a Infobae, Massera le dijo a Luder –y éste les transmitió a Nilda Garré y al propio Bárbaro- una frase terminante: “Si la echan ustedes, gobiernan ustedes; si la echamos nosotros, gobernamos nosotros”.

Estaba claro que ni ese grupo de diputados ni el propio Luder podían mover el tablero. Pero algunos de ellos iban a colaborar con la dictadura.

No es verdad que Perón designó a fines de 1973 a Massera como jefe de la Armada porque estaba enfrentado con el almirante Isaac Rojas: en 1955 Massera era un joven teniente de Corbeta. No solo separaba a ambos marinos una generación.

La simpatía de Perón por Massera se llamaba Licio Gelli, un italiano formado en los Camisas Negras del fascismo convertido en contramaestre de la poderosa Logia Masónica Propaganda Due (P2).

Gelli había viajado en el avión que llevó de Italia a la Argentina a Perón en su regreso definitivo a la Argentina el 20 de junio de 1973. En octubre, apenas una semana después de asumir su tercera presidencia, Perón otorgaba la máxima orden de la Argentina a Gelli: la del Libertador General San Martín “por su personalidad y los servicios prestados al país”.

Uno de esos servicios fue destrabar con el dictador Alejandro Lanusse el regreso de Perón. Allí estaba presente Sobrino Aranda, quien también fue de la comitiva que acompañó la ceremonia de asunción de Massera como jefe de las fuerzas de mar.

Julio Bárbaro cuenta que los manejos de Sobrino Aranda habían comenzado bastante antes y que resultaban los típicos de los agentes de inteligencia. “Más que P2 quizá haya que pensar en la CIA”, arriesga Bárbaro.

Uno de esos manejos sucedió en 1972: “Cuando Perón estaba en Puerta de Hierro –cuenta Bárbaro-, Sobrino los lleva a (Rodolfo) Galimberti y a (Diego) Muniz Barreto a una reunión con el General. Allí les presenta a dos chicas que eran ‘sobrinas’ de Chepe, una mujer que oficiaba de amante de Sobrino. Años después, en Madrid, la veo a Chepe y le pregunto por las sobrinas. ‘¿Qué sobrinas?’, me respondió. Eso de presentar chicas es un juego clásico en el espionaje“.

Galimberti fue delegado personal de Perón para la Juventud al poco tiempo y luego dirigente montonero. En cuanto a Muniz Barreto, fue diputado nacional y, casi un año después del golpe de Estado, fue secuestrado y llevado por un grupo de Tareas a Campo de Mayo y asesinado allí.

Sobrino Aranda, una vez consumado el golpe de 1976, se quedó en Argentina. Sin embargo, viajaba todos los meses a París y Madrid. Al propio Bárbaro, cuando se exilió, Sobrino le dijo “¿Qué necesitás Julio?”. Hizo lo mismo con otros diputados y figuras relevantes de la cultura, como Horacio Salas, que abandonaban la Argentina ante el riesgo que corrían. Así intentaba sumar voluntades a la causa masserista.

Cuando volvía a Buenos Aires, Sobrino Aranda atendía en una oficina de la calle Alsina entre Salta y Lima. En el mismo edificio también tenía un despacho nada menos que Jorge “el Tigre” Acosta, hombre clave en el esquema de la ESMA.

Julio Bárbaro asegura que el poder de Sobrino Aranda era grande: “Cuando la secuestraron a Nilda Garré de la confitería El Olmo (en pleno Barrio Norte), Sobrino levantó el teléfono y al poco tiempo la blanquearon”.

Oxígeno para la aislada dictadura

El diputado Raúl Bajczman era hijo de inmigrantes judíos polacos y temía por su vida y la de su esposa, Cristina, quien había militado en la Comisión de Familiares de Presos Políticos Estudiantiles y Gremiales.

La pareja, consumado el golpe, se mudó a una casa donde nadie los conocía. A Bajczman lo preocupaba no cobrar más la dieta del Congreso y no tener siquiera el pasaporte al día como para poder irse al exterior. Fue al Congreso, donde los militares habían montado oficinas, y se reunió con un capitán de navío que conocía de cuando integraba la Comisión de Defensa. Después le hicieron una reunión con el general Roberto Viola y logró que le dieran el pasaporte.

Raúl y Cristina se fueron a Madrid y al cabo de un año se mudaron a París. Estando allí lo contactó Sobrino Aranda para preguntarle si le interesaba participar de una reunión con un alto funcionario del gobierno. Le contestó que si era con alguno de primera línea –como el propio Viola- sí, de lo contrario, no. Sobrino no dio vueltas: la reunión es con Massera.

-¿Cuándo?
-La semana próxima.
-¿Dónde?
-En Madrid.
-Bueno, voy.

Hace casi dos décadas, en largas conversaciones con uno de estos cronistas, Bacjzman dijo: “Así fue que empecé a colaborar con él (Massera). Lo hice porque tenía el poder y yo creí que podía asesorarlo, hacerle ver una salida política, tratar de salvar algunas vidas. Yo me manejaba con Luis (Sobrino Aranda), pero muchas veces me veía a solas con el Almirante (Massera)”, contó. Como había sido diputado, le armó al “Almirante Cero” reuniones con legisladores y funcionarios de gobiernos europeos.

“Los militares –decía- necesitaban romper el aislamiento internacional. A su vez, yo trataba que el diálogo ayudara a la liberación de algunos presos. De hecho, liberaron algunos cuando les organicé la visita a Israel”. A renglón seguido, Bajczman le preguntaba: “¿Y mi jubilación? ¿Cuándo va a salir mi jubilación?”.

Luego agregó que Massera tardó en solucionar lo de la jubilación, le decía que había sectores que ponían trabas, “pero finalmente me adjudicaron el pago, con la retroactividad correspondiente a marzo de 1976”.

“Yo sabía lo que pasaba en Argentina –contó Bajczman-, y pensaba que la solución era a través de una salida gradual, pactada. Y para eso era bueno que se reunieran con políticos europeos, que eran quienes podían pedir la libertad de algunos presos, al menos los que tenían la nacionalidad de esos países”.

Sin embargo, este ex diputado reconocía que esos intentos no dieron resultados. Los contactos que le prestaban algo de atención eran de la derecha francesa del gobierno de Valery Giscard D’Estaing.

Para después del Mundial 78, Massera dejó la Junta Militar y se lanzó de lleno a una incierta campaña política que incluía el lanzamiento de una fuerza política –Partido Para la Democracia Social- con sede en pleno centro porteño, Cerrito y Arenales, donde había represores de la ESMA y también trabajadores esclavizados que eran detenidos de aquel centro clandestino de detención a quienes llevaban durante el día y por las noches debían volver a sus tenebrosas celdas. Algo similar hacía con el diario Convicción, cuya salida a los quioscos fue apenas Massera salió de la Junta Militar.

“Yo acompañé al almirante en su visita –dijo Bajczman- a Giscard D’Estaign y a funcionarios de su gobierno. Ellos (los franceses) decían públicamente que pedían por los derechos humanos, pero en las reuniones pedían por los intereses de las empresas francesas. Concretamente, les interesaba la ampliación de la red de subterráneos”.

“Yo había viajado de París a Londres a reunirme con un jefe naval en un viaje bastante reservado. Me alojé en un hotel y salí a la calle. Me desperté dos días después en un hospital. Y me salvé porque era invierno y llevaba puesto esto”, contó señalando una gorra de piel.

“Me dieron un fierrazo en la cabeza – siguió contando -. Fue la gente de Aníbal Gordon” que, de acuerdo con versiones periodísticas de la época, estaba en disputas entre los seguidores de Massera y los de Viola.

Para confirmar el relato, dijo que Gordon había llamado por teléfono a su esposa unos días antes simulando ser otra persona y hablándole del viaje a Londres. “Pero le reconocí la voz, por eso supe que era gente de Gordon”. Además, la esposa se enteró al llamar al hotel y le dijeron que había tenido un accidente. Quiso ir de inmediato a ver a su marido pero no tenía el pasaporte al día. “Por suerte, un oficial (de la Armada) que estaba en la Embajada me tramitó los papeles enseguida”, dijo la señora. Bacjzman subrayó que “ese mismo día, en Buenos Aires, le dieron una paliza a Sobrino”.

Las actividades de Gordon tuvieron como objetivo al propio Julio Bárbaro, quien recordó a Infobae:

-En 1981 yo volví desde Madrid a Buenos Aires. Creí que podía estar. Sin embargo, la gente de Gordon me secuestró y me llevó a una estancia en General Villegas, donde me torturaron durante al menos 48 horas.

La desaparición de Bárbaro motivó que se prendieran varias alarmas. “Uno que se movió fue (Oscar) Camilión, quien por entonces era embajador en Estados Unidos”, cuenta Bárbaro.

Durante el conflicto del Atlántico Sur, Bajczman contó que cuando se produjo el desembarco en Malvinas, “Sobrino me pidió que tratara de conseguir misiles Exocet en el mercado negro, porque Francia no quería venderle al gobierno argentino”. Lo ayudó un “diputado español” -cuyo nombre reservó-: “Terminamos reunidos con un traficante argelino. Yo pasé los precios, pero parece que eran muy caros”.

La vuelta a la Argentina y los días de Sobrino

Bajczman se quedó en Francia hasta el triunfo de Carlos Menem, “porque no creía conveniente volver a la Argentina con el gobierno de Raúl Alfonsín“. Una de sus primeras actividades fue ir a saludar a Massera a la prisión militar de Magdalena, donde estaba alojado hasta que Menem lo indultó.

También se puso en contacto con el almirante Juan Carlos Anchézar, quien reportaba en el Estado Mayor de la Armada en tiempos de Massera y a quien durante el gobierno de Menem lo pusieron de número dos de la SIDE. “También me puse a disposición de Sobrino. Pero no conseguí nada”. Lo único que le ofrecieron fue como asesor en temas internacionales de una fundación desconocida.

La prensa no se ocupó de Raúl, salvo en un artículo de Página 12, donde lo incriminaron como masserista. “No es así. Yo no era masserista. Yo traté de influir para una salida política y no se dio. Llegó el alfonsinismo y fue peor todavía. La cuestión militar en Argentina no está resuelta”, dijo Bajczman en 2000, unos años antes de que se derogaran los indultos y las leyes de Punto Final y Obediencia Debida.

Siguió cobrando la jubilación vitalicia por su paso por el Congreso. Murió en mayo de 2010. Muchos de quienes lo conocían, entre ellos el propio Bárbaro, fueron a despedir sus restos. En la página de Facebook que todavía se conserva no faltan recuerdos de las acciones que realizó para liberar presos políticos.

Uno de esos comentarios resulta una despedida enigmática: “Fue el cerebro que codificó a Leopold Trepper en clave argentina. Me consta”.

Trepper fue un agente de origen judío polaco que dirigió La Orquesta Roja, la red de espionaje comunista en Alemania y Bélgica, que dio información vital para que las tropas soviéticas pudieran asestar golpes durísimos a las fuerzas alemanas.

En cuanto a Sobrino Aranda, vive en Rosario. No tuvo problemas con la Justicia. En 2016 advirtió que Plutón traería problemas al gobierno argentino (de Mauricio Macri) en 2017 y 2018.



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