Seis turistas muertos, David Ortiz herido de bala y tres envenenados: la realidad que enfrenta el turismo en República Dominicana


Playas solitarias de arena blanca infinita, palmeras que ondean al son del viento, y tonalidades de azules aún desconocidas. Las estampas paradisíacas de República Dominicana convierten al país en un destino de ensueño, y parece que uno pudiera oler el salitre y enterrar los pies en la cálida arena.

“Lo tiene todo”, dice el eslogan del Ministerio de Turismo del país caribeño en su página web.

Sin embargo, las noticias que colman titulares a lo largo y ancho del mundo desde el 25 de mayo, llevan a los turistas a preguntar: ¿Lo tiene todo República Dominicana?

Aquella noche del 25 de mayo, una mujer de Penssylvania dio su último aliento en un hotel de lujo del país. Su nombre era Miranda Shaup, y murió por un edema pulmonar tras sufrir los síntomas de un envenenamiento. Ella marcó el inicio de muchas preguntas sin respuesta.

Cinco días después de la muerte de Miranda Shaup, una pareja de Maryland perdió la vida en un resort de la misma cadena, Gran Bahía Príncipe. La causa de la muerte de Nathaniel Holmes y Cynthia Day también fue un edema pulmonar. Los encontraron sin vida en la cama de su habitación. Esto despertó la inquietud de medios de comunicación locales y estadounidenses que tras indagar, supieron que en menos de un año habían fallecido al menos seis americanos en el país de Las Antillas: David Harrison, Yvette Monique y Robert Wallace, completaron la lista. Sus decesos fueron calificados por sus familias de “extraños”, por el buen estado de salud que todos presentaban.

“Creo que el Departamento de Estado -de EEUU- debería ahondar en la investigación de estas muertes, porque algo no está bien”, pidió Howard Taltoan, prometido de Yvette Monique, una de las fallecidas.

Algunos familiares, como los de Miranda Shaup, tachan las investigaciones de la Policía Nacional de República Dominicana de “vagas”, y “superfluas”. Un hecho que no ayuda a atenuar el miedo de potenciales turistas estadounidenses que ahora piensan detenidamente si reservar o no sus vacaciones en el país de las Antillas.

Esta preocupación por los acontecimientos recientes abrió ayer un nuevo capítulo. El ex pelotero dominicano de las Grandes Ligas” David Ortiz -conocido como “Big Papi”-, recibió un disparo en la espalda en Dial Bar and Lounge de Santo Domingo. Por suerte, sobrevivió al ataque y ahora se recupera en un hospital de Boston.

La fama de David Ortiz dio a los sucesos de las semanas previas una nueva dimensión. Los ojos del mundo se dirigieron hacia el país caribeño y el tiroteo subrayó la pregunta que ya resonaba en las mentes de algunos turistas extranjeros. ¿Lo tiene todo República Dominicana? ¿Es la isla tropical segura?

Para Jarrys Herrera y su esposo Alex la respuesta es no. El matrimonio contó a la cadena de televisión estadounidense NBC que cancelaron su viaje después de escuchar en las noticias el tiroteo del que fue víctima David Ortiz. Pensaban celebrar allí su décimo aniversario de bodas.

“Sentimos mucho miedo y no quiero convertirme en la próxima historia. Simplemente no merece la pena asumir el riesgo”, explicó Jarrys.

A ellos, el operador de viajes no les penalizó por la cancelación. Son decenas las personas que en los últimos días anularon sus vacaciones, tal y como muestra el reportaje de la NBC, que recopiló distintos mensajes publicados en Facebook por turistas que ya no viajarán a República Dominicana.

“Mi familia acaba de cancelar nuestro viaje a República Dominicana por todo lo que está ocurriendo allí. Si van a viajar fuera este verano, por favor tengan cuidado”, escribió @highof_mani.

“Cancelamos nuestro viaje a la República Dominicana”, contó @just_keymosley.

Se trata de una crisis de confianza. Y el Ministerio de Turismo es consciente de ello. En conferencia de prensa, Francisco Javier García, ministro de la dependencia, aseguró que “la República Dominicana ha sido visitada por 30 millones de turistas en los últimos cinco años” y que nunca “en 50 años de operación en la industria ningún visitante ha sido agredido por los empleados de los centros hoteleros”.

Se estima que cada año visitan anualmente el destino 2.500.000 de estadounidenses. La embajadora americana del país, Robin S. Bernstein apoyó la afirmación del ministerio y destacó que “los hechos son verdaderamente lamentables y aislados”.

Sin embargo, sus palabras no terminaron de convencer a los potenciales clientes de la industria hotelera del país de las Antillas. Y resulta comprensible.

¿Qué turista querría pasear por un hotel en la noche con el miedo a ser atacado, como le ocurrió a Tammy Lawrence?; ¿Quién podría beber alcohol del minibar si teme que la botella esté envenenada, como pudo ocurrirle a Miranda Shaup, según su familia?; ¿Quién iría allí cuando tres personas –Kaylynn Knull, Tom Schwander y Awilda Montes- dicen que sufrieron los síntomas de un envenenamiento, y cuentan con un informe médico que lo demuestra?

¿Qué persona querría viajar al destino, si desconfían de las autoridades, como le ocurre actualmente a los seres queridos de Yvette Monique, según ellos mismos confesaron?

Las investigaciones inconclusas; las contradicciones entre la policía y los turistas (como en el caso de Tammy Lawrence); la ausencia de informes policiales y resultados de exámenes toxicológicos no ayudan a mejorar la imagen de República Dominicana, más allá de sus estampas de aguas cristalinas.

Aunque las autoridades insisten que el destino es seguro, el Departamento de Estado estadounidense pidió a los ciudadanos “ejercer mayor cautela” al viajar al país caribeñopor los altos índices de criminalidad. El destino turístico se encuentra en el nivel 2 de alertas para viajeros estadounidenses, de un máximo de cuatro puntos.

Todo se determinará con el paso del tiempo. Según información de The Washington Post, el FBI asesora en la actualidad a las autoridades locales en las investigaciones de estos decesos. Hasta el momento no se ha encontrado ningún vínculo entre las muertes. Lo que sí se sabe con certeza, es que República Dominicana enfrenta una grave crisis de confianza, y que su eslogan parece haber perdido el sentido.



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