13 octubre, 2019

Sergio Martínez — uy.press / Agencia uruguaya de noticias


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imagen del contenido Sergio Martínez

Columna de Ciencia y Tecnología

16.09.2019

El término Tafonomía fue acuñado por el soviético Iván  Efremov en 1940, curiosamente en una revista norteamericana y en inglés, dos cosas poco habituales aún antes de la guerra fría y en plena vigencia del pacto Hitler-Stalin.

El propio Efremov era también un individuo particular que quizás sea más conocido para los no especialistas como escritor, fundamentalmente de ciencia ficción. Parte de una de sus novelas (La nebulosa de Andrómeda) fue llevada al cine con algún suceso a fines de la década de 1960. Se dice que a las autoridades no le gustó el contenido y por eso no se filmó el resto, aunque el autor era un materialista dialéctico (no ortodoxo eso sí) y en el libro, publicado en 1957, la sociedad del futuro es comunista y se paga el debido tributo a  Stalin. Una interesante reseña sobre la novela se encuentra en https://www.laondadigital.uy/archivos/25176.  

Pero escribir novelas no fue la principal actividad de Efremov hasta sus últimos años; don Iván era paleontólogo de profesión, también Doctor en Biología y técnico en minería, dominaba varios idiomas, combatió en el Ejército Rojo en su adolescencia y gozó de reconocimiento académico nacional e internacional. Anécdotas de primera mano sobre su persona se pueden encontrar en http://www.noogen.su/iefremov/Olson/index.htm.

A pesar de ese reconocimiento internacional la mayor parte de su obra paleontológica permanece escrita solo en ruso. Sin embargo, un breve trabajo en inglés en una revista de tercera línea hizo que nuestro biólogo-geólogo-paleontólogo-escritor figure en cada curso no solo de Paleontología, sino de otras disciplinas, como por ejemplo de Arqueología. Evidentemente Efremov llenó con su nominación una necesidad de expresar algo que ya estaba en el ambiente. ¿Qué era eso entonces que había que nombrar? La Tafonomía era y es la disciplina que estudia la formación de yacimientos fósiles, es decir conocer que vicisitudes pasaron los restos (orgánicos originalmente) hasta llegar al estado en que los encontramos, por qué están así y no de otra manera. Es intentar ver una película al revés, comenzamos por el final (el yacimiento) e intentamos reconstruir que fue pasando desde que el organismo murió o se le desprendió alguna parte. Con estos estudios se evalúa que información se ha perdido y cuál se ha ganado en el proceso, por ejemplo en qué ambiente se depositaron finalmente los restos, de donde provienen, que historia tienen.

Aunque quizás parezca un conocimiento muy académico y sin importancia para mucha gente, como sucede siempre el conocimiento científico puro o fundamental o no aplicado, termina siendo clave en progresos o avances de la humanidad. La Tafonomía, una relativamente oscura actividad independiente durante algunas décadas, tuvo una gran revitalización a partir del último cuarto del siglo 20, cuando -fundamentalmente desde Estados Unidos- se comenzó a hacer más énfasis en la información que se ganaba conociendo como se habían enterrado y acumulado los restos fósiles, que la que se perdía respecto a la reconstrucción de las comunidades originales, siendo esto último el objetivo predominante con anterioridad. Esto llevó a su aplicación por ejemplo en Geología, incluida la Económica, de la cual pese a quien pese es imposible escapar desde que nuestros ancestros partieron las primeras piedras para usar como herramientas.

Quizás la palabra enterrado le despierte al lector alguna relación con algunas noticias recientes de nuestro país. Y es así, como se ejemplificó en el párrafo anterior la Tafonomía se fue expandiendo, de una disciplina paleontológica fue pasando a serlo de todas las ciencias que tienen que ver con algo sepultado. Así, hoy hay una Tafonomía arqueológica, Tafonomía forense, etc. Se trata entonces de desvelar cómo fue que un conjunto determinado de restos, sea de animales, plantas, humanos, artefactos, llegó a quedar como está en el momento de su hallazgo.

Cuando hace unos días los antropólogos retiraban con suma precaución el esqueleto humano hallado en el Batallón 13, estaban haciendo Tafonomía en sentido estricto, ya que el término proviene del griego tafos: tumba o sepultamiento. El registro cuidadoso de la posición de los huesos, su preservación, su asociación con otros elementos, su relación con las capas del suelo, son de fundamental importancia para reconstruir las circunstancias que los llevaron allí. Por eso no se pueden retirar a tontas y a locas, sino que se necesita un procedimiento, a veces tedioso sí, pero siempre meticuloso. La información que no se obtiene en esos momentos se perderá irreversiblemente. A nivel profesional, la mejor muestra de respeto que se puede brindar es hacer las cosas del modo adecuado.

La Tafonomía entonces, si bien practicada desde siempre por los estudiosos del registro fósil fundamentalmente, tuvo su nombre e identidad en 1940 y pasó por unas décadas sin hacer mayor ruido, hasta que fue potenciada con un enfoque fresco por parte de los paleontólogos, lo que motivó un gran desarrollo de la disciplina y llevó su expansión a otros campos del conocimiento, y a una extensa producción bibliográfica, que incluye revistas especializadas y libros de todo carácter (de texto, amplios, restringidos a una especialidad).

No es de extrañar que por nuestra región estos estudios hayan tardado un poco más en potenciarse. Sin embargo, cuando llegaron, tomaron gran impulso y originalidad, hablándose hoy en día de una “escuela sudamericana” de Tafonomía. Basada fundamentalmente en los países del Cono Sur, esta pequeña pero potente comunidad tiene una presencia internacional de consideración, que ha llegado a tener  tomando un poco humorísticamente el término de las vanguardias de principios del siglo 20, un “Manifiesto” en la revista emblema de la disciplina (Ritter et al. 2016, https://tinyurl.com/y5qb9ml7)

Uno de los puntos destacables de este grupo es el cultivo de la llamada Tafonomía Actualista, que consiste en estudiar fenómenos actuales a los efectos de interpretar el registro fósil, arqueológico o cualquier tipo de enterramiento. Este abordaje puede ser simplemente observacional o experimental, y se ve potenciado en nuestro continente por la variedad de ambientes en los que se pueden realizar estas investigaciones, que han acumulado una buena cantidad de publicaciones de primer nivel.

Con este marco, el grupo de Invertebrados fósiles del Departamento de Paleontología organizó a fines de 2017 el primer Taller de Tafonomía Actualista de América del Sur, en el que nos reunimos para presentar ponencias de todo tipo (proyectos, trabajos publicados y en marcha, ideas varias) y coordinar acciones para el futuro. La asistencia de investigadores de varios países y especialidades confirmó la diversidad y profundidad de los estudios que se están llevando a cabo en el continente.

Uno de los frutos de este taller fue el libro “Actualistic Taphonomy in South America” (2019. Martínez, S., Rojas C. y Cabrera, F., eds.),  publicado por la editorial Springer (https://www.springer.com/gp/book/9783030206246), en el cual se plasman por escrito varias de las ponencias referidas anteriormente. Estudios de detalle y a gran escala en diversos sujetos y ambientes, como por ejemplo especies invasoras, acumulaciones de moluscos en playas, macro y micro organismos en lagunas pampeanas, restos vegetales en el trópico, preservación de huesos de mamíferos autóctonos y de artefactos de origen humano, efectos de las raíces en huesos enterrados, son algunos de los temas tratados allí.

El segundo taller de Tafonomía Actualista en América del Sur se realizará en Imbé, Rio Grande do Sul, en otoño de 2020 con las mismas características del anterior: sin ornamentos, sin costos, sin estridencia y con mucho rigor e impulso para seguir desarrollando una disciplina en ascenso.

Sergio Martínez

 

El Dr. Sergio Martínez es Profesor Agregado de Paleontología en la Facultad de Ciencias, Udelar, Investigador grado 5 del Pedeciba en las áreas de Biología y Geociencias, e Investigados nivel II del Sistema Nacional de Investigadores.






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